LOS CRIMENES DE LA PAZ FRANCO BASAGLIA PDF

EI tecnico del saber practico, 13; n, La ciencia y b. Un juez d.. La J6gica del sistema carcelario italiano, 7. EL TF. Del matadero al manicomio, ; n.

Author:Voodoom Togore
Country:Zimbabwe
Language:English (Spanish)
Genre:Medical
Published (Last):17 September 2010
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Porque antes de aquello, los que estaban encerrados aqu rogaban para morirse pronto. Cuando alguien mora, siempre sonaba una campana, costumbre que ya no se usa. Al sonar la campana, todos decan: "Oh Dios, ojal fuese yo el muerto", decan, "yo que estoy tan cansado de llevar esta vida aqu dentro". Muchos de ellos murieron, muchos que hubiesen podido vivir y sanar. Envilecidos porque no tenan ninguna posibilidad de salir, se negaban a comer. Y les introducan la comida por la nariz con la ayuda de una sonda, pero de nada servia porque all dentro se encontraban sin la menor esperanza de salir.

Como una planta que se ha secado porque no llueve, con las hojas marchitas, as era la gente aqu. Esta breve narracin es de un hombre ciego, al que llamaremos Andrea, interno desde hace muchos aos en el Hospital Psiquitrico de Gorizia. Era el lder de un pequeo grupo de ancianos y pas la mayor parte de su vida en el recinto del hospital sin salir nunca de un pabelln.

Aquel grupo de viejos italianos, hngaros, eslovacos y austracos, representaba las diversas nacionalidades en otro tiempo reunidas bajo la corona de los Habsburgo. Hace cincuenta o sesenta aos que los burcratas del gobierno imperial y real les releg a golpes de 27 tampon, pliza y firma, al ms remoto ngulo de la sociedad: el que slo se reserva a los excluidos.

Andrea es un hombre alto, viejo y ciego que en su juventud trabaj de albail. Es uno de los internos ms antiguos de Gorizia y goza del respeto de los dems e incluso de una cierta autoridad.

Ciego y de gran talla, siempre camina con la cabeza alta, el pecho afuera y los hombros atrs, con las manos y los brazos tendidos hacia delante: orgulloso, nunca vencido. Es un testimonio superviviente de un pasado remoto, cuyo recuerdo nunca le abandona. Entre los dems ex-combatientes convierte su profundo dolor en un ttulo de gloria.

Sus palabras son completamente espontneas, ya que no saba que registraba su conversacin. Es ciego y nunca ha visto un micrfono ni un magnetofn; por otra parte, es viejo y no tiene una idea precisa de estos aparatos, y al ignorar su funcin, no se despert en l inhibicin alguna. Su relato puede ser considerado como autntico y sirve legtimamente de prefacio a la descripcin de una nueva situacin psiquitrica como la de Gorizia.

Las palabras de Andrea son tambin el principio de un documental radiofnico que realic para la RA 1 , hace algn tiempo, aprovechando un momento de entusiasmo y atraccin por estos temas, un momento en que yo mismo estaba sensibilizado por la narracin de las experiencias profesionales de Franco Basaglia. Desde entonces, he seguido interesndome por el tema aunque de una manera alterna y discontinua, con altibajos y desde una dualidad de atraccin-repulsin.

Al principio mi inters era slo la lgica consecuencia de una actitud y de una exigencia profesional: la bsqueda del hecho nuevo. Siendo el de Gorizia un experimento nico en Italia, describir su organizacin y su funcin me parecieron buenos argumentos de actualidad periodstica y de inters para el radioyente. Pero no era slo eso.

Esta eleccin implicaba un elemento emocional: la posibilidad de entrar en un manicomio uso deliberadamente este trmino , y de establecer con 1 Radio Televisione Italiana. Debo aclarar que entonces yo comparta la opinin corriente respecto a los hospitales psiquitricos de provincias y que, despus de algunas experiencias superficiales, me parecan algo a medio camino entre la prisin y el claustro: unos lugares inslitos que despiertan el sutil deseo de violacin.

Analizando mi primitivo comportamiento aadir que la actitud del ciudadano medio en relacin con el enfermo mental, cuando no es de miedo o desagrado, puede revelarse benvola a travs de algunas hiptesis tradicionales y sugestivas: hay un gramo de locura en el genio, la locura es genial, etc. Estos eran para m, sustancialmente, los primeros motivos de atraccin hacia el manicomio.

Pero tambin alimentaba la esperanza de descubrir, entre los enfermos, algn elemento que justificara o recompensara mi buena disposicin hacia l. Ya haba experimentado, sin analizarlos, semejantes sentimientos al admirar las pinturas de enfermos mentales expuestas en una galera de arte y en el taller de un manicomio.

Las interpretaba como emocionantes testimonios de insondables movimientos del espritu, maravillosos productos de la imaginacin incontrolada, hechos vagamente inquietantes u obsesivos, pero, en definitiva, agradables. Slo despus de mi encuentro con Gorizia he podido comprobar hasta qu punto estos mecanismos no eran distintos de los que emplea el blanco cuando intenta excluir al negro del pas donde la coexistencia racial es imposible o nunca ha existido.

Ante esta situacin, el blanco culto da libre curso a su sentimiento de culpabilidad sufro por la condicin del negro, y tal vez mucho ms que l atenuando este sentimiento mediante la aceptacin, el conocimiento y la admiracin de la poesa negra, del canto negro, en definitiva de la lite negra. A nivel burgus, el poeta, el msico o el escritor negro, es como dira Fann menos negro que el mozo de cuerda, el vendedor de tapices o el campesino africano. Desde el momento en que el blanco intenta una apertura no se da cuenta de que crea una nueva exclusin.

Este fue el sistema que permiti arrancar de las garras de los nazis a gran nmero de msicos y cientficos hebreos, salvndoles antes que 29 a otros, puesto que eran ms representativos, ms importantes que el vendedor de cordones o el ropavejero del ghetto.

En definitiva, estas actitudes se reducen a una serie de equvocos montados para disimular un sentimiento de culpabilidad, y una elegante escapatoria para ocultar el miedo y el desagrado; una forma de evitar la solidarizacin de las posiciones ideolgicas de la sociedad en relacin con el excluido, o sea de evitar la toma de posicin frente al problema.

De hecho, la situacin del enfermo mental en Italia es escandalosa: es el nico enfermo que no tiene derecho a ser enfermo, puesto que est calificado como peligroso para s mismo y para los dems, objeto de escndalo pblico. Luego lo ponemos entre rejas y, para olvidar su problema, lo transformamos segn expresin de una enferma de Gorizia en un simple paquete. Es decir, lo convertimos en un hombre-objeto librado a los caprichos de la suerte: si tiene dinero, pasando a travs del ddalo de las clnicas, evitar el estigma en su partida judicial, y si no lo tiene, terminar en el ghetto de los excluidos.

Nadie ignora hasta qu punto puede ser desastrado y mocoso el tonto del pueblo, tratado ms como una bestia que como una criatura, a merced de las pedradas de los nios. Su imagen se hace identificar, en los ms pequeos, con la del lobo feroz. Pero cuando entramos en un manicomio, el cuadro no resulta ms halageo: el insoportable olor de los pabellones cerrados olor caracterstico de los asilos , el infierno de gritos y voces, espuma y saliva en labios de los internados, las camisas grises, las cabezas rapadas, son elementos del paisaje que ofrece la enfermedad mental en un pas que se precia de albergar la galera Uffizi, Portofino, la Cmara de los Esposos, Capri, Venecia y Roma.

Algunos testimonios de antiguos internados ilustran lo que fue la situacin de Gorizia hace algunos aos. No son menos vlidos respecto a numerosos hospitales psiquitricos italianos. En este sentido se impone una consideracin: los hospitales psiquitricos son los hospitales ms pobres del pas. Las instituciones provinciales de Italia estn reservadas a los indigentes; pero en cuanto la familia del enfermo puede permitirse ciertos 30 gastos y tiene la intencin de defender a sus miembros, lo confa a clnicas privadas o lo tiene en su casa.

Pero cuando la situacin econmica de la familia no lo permite, o cuando falta la cohesin del grupo, el hospital psiquitrico se convierte en ltimo refugio, incluso para el enfermo de buena familia.

El balance de la administracin provincial no es halageo ni mucho menos. En cualquier caso resulta ms atractivo, ms vistoso y muchas veces electoralmente ms vlido que el manicomio. El primero de los antiguos internados que entrevistamos en Gorizia fue precisamente Andrea. Antes nos encerraban con rejas, y eso no era todo, sino que nos encerraban a ochenta en la misma sala, y no tenamos sillas y debamos sentarnos en el suelo.

Ni siquiera podamos ir a los lavabos. Luego haba que Nos mandaban a la cama con la boca llena. Si yo me atreva a salir un momento para tomar un poco el aire, inmediatamente vena alguien a buscarme. Al principio, cuando empezamos estas asambleas, yo fui presidente durante un mes y luego volv a serlo.

Entonces nadie se atreva a abrir la boca, todos estaban como intimidados, atemoriz- dos. No tenan el valor de hablar. Yo, que era el presido re, les peda que lo hiciesen; Si tenis algo que decir, hablad, estamos aqu para esto. Pero nadie osaba abrir la boca. Y era porque estaban atemorizados despus de tantos aos de encierro El director ha sido quien lo ha hecho todo Pero al principio fue el doctor Slavich, que cuando vino al pabelln C nos dijo: Tome a diez o quince enfermos que vamos a dar un pequeo paseo por los alrededores Entonces todos fueron de paseo.

Y todos tenan la impresin de ser resucitados. De repente se impona otro espritu, otro ambiente, luego el doctor tambin tomaba a alguien en su coche y se lo llevaba a dar un paseo ms largo, hablando, y cada da nos hizo salir un poco ms.

Al sonar la campana, todos decan: Oh Dios, ojal fuese yo el muerto; decan, yo que estoy tan cansado de llevar esta vida aqu dentro. Y les introducan la comida por la nariz con la ayuda de una sonda, pero de nada serva porque all dentro se encontraban sin la menor esperanza de salir. Actualmente hay muchos enfermos que no quieren regresar a sus casas. Se encuentran bien aqu. Antes, pasaba el doctor, y todos: Doctor, doctor, mndeme de nuevo a casa! Suplicaban como condenados.

Pero el doctor pasaba de largo sin prestarles atencin Otro testimonio que me impresion fue el de Margherita. Empezaron por 32 quitar las redes en nuestro pabelln y luego nos quitaron las camisas de fuerza y nadie se ha portado tan mal Por estrafalario que uno sea, no creo que le haga bien tener que estar de aquel modo.

En aquel tiempo yo ni siquiera iba a trabajar porque tenan miedo de que lo rompiese todo Cuando haca buen tiempo nos llevaban al jardn. Me han atado tantas veces al banco, al rbol que hay all. Siempre me ataban all. Es posible que existiese, pero se ve que el anterior director no lo usaba. Desde que ha llegado Basaglia, con el tratamiento de ahora, ha mejorado el hospital en un cien por ciento.

Luego me ataban los pies con tiras de cuero. Y ellos me crean enferma y por ello me ataban. En aquella poca nadie poda decirle a un mdico: Aquella enfermera me maltrata, porque en se33 guida te ataban. No haba ms remedio que dejarse tratar como ellos queran y callarse. Ahora, al contrario, todo es muy distinto. Porque tenamos miedo de que nos ataran, y adems tambin nos hacan mscaras Era para morirse! Y por la noche me hacan dormir encerrada en una jaula. MARGHERITA: Entonces, algunas veces me rebelaba, porque estaba harta de estar encerrada, y como que me las saba todas, me desataba yo misma para salvarme, puesto que ellos no queran abrir Nos acostbamos a las seis de la tarde y hasta la maana siguiente.

Se pona a gritar? Si hacamos cualquier cosa que no debamos, nos ataban y no podamos movernos Nos sentamos aliviados. Por la tarde, voy a la escuela y trabajo, en electroencefalogramas. Arriba, en la direccin. Pongo el casco con todos los electrodos necesarios en la cabeza.

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