LA PALABRA AMENAZADA DE IVONNE BORDELOIS PDF

El libro tiene mucho de la chispa de la oralidad. Una cosa es que escriba sobre la palabra y otra sobre mi vida. Las tres, en especial la de no tener hijos. Lo veo en Francia, en Holanda, en la Argentina. Fue una experiencia intensa y bastante conflictiva porque no nos trataban tan bien como mujeres.

Author:Yokasa Grogrel
Country:Moldova, Republic of
Language:English (Spanish)
Genre:Technology
Published (Last):21 August 2018
Pages:399
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ISBN:278-3-68788-175-9
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Violencia y Lenguaje 11 2. Eurdice: la no escuchada 17 3. El Verbo y las Tinieblas 23 4. El conflicto entre lengua y cultura 31 5. Una riqueza inagotable 37 6.

Una estrategia ecolgica 41 7. Babel y nosotros: el aljibe etimolgico El Dilogo de las Lenguas 59 9. La otra cuesta de la ladera 71 Poesa y Lenguaje 85 Lenguaje y Esperanza 99 Bibliografa En primer lugar, denuncio las razones por las cuales el presente sistema intenta aniquilar la conciencia lingstica en un tiempo diseado para la esclavitud laboral, informtica y consumista. La segunda lnea, eje de celebracin, propone el redescubrimiento de la energa de la palabra, clave de conocimiento, placer y conciencia crtica.

La etimologa, el dilogo de las lenguas, la observacin de lo viviente en el habla coloquial y en el lenguaje del humor y de la infancia son elementos cruciales en este redescubrimiento. Y sobre todo, nuestro reencuentro con la poesa, tanto la de los poetas como la de los involuntarios y annimos creadores del lenguaje; la fuente que sigue y siempre seguir manando "aunque es de noche". El mismo hablar contra la violencia parece generar violencia. Profetas que allan, pacificadores que abruman, polticos y periodistas que ensordecen, rockeros que deliran: de este estruendo parece surgir en nosotros slo un vehemente deseo de fuga a un lugar de silencio y de paz.

Acaso este lugar es mucho ms accesible que lo que nos imaginamos. Y estas lneas, que intentan una suerte de ecologa del lenguaje, se proponen imaginar ese lugar; porque uno de los aterradores poderes de la violencia es que est destinada, precisamente, a la tarea de destruir la imaginacin, tarea en la que es inmensamente eficaz.

Una primera y muy extendida forma de violencia que sufre la lengua, en la que todos prcticamente participamos, es el prejuicio que la define exclusivamente como un medio de comunicacin.

Si se la considera as -como lo hace nuestra sociedad- se la violenta en el sentido de que se olvida que el lenguaje -en particular, el lenguaje potico- no es slo el medio, sino tambin el fin de la comunicacin. Cuando se mediatiza al lenguaje, cuando se lo considera slo una mediacin para otra mediacin -porque la comunicacin se pone al servicio 12 IVONNE BORDELOIS del marketing, el marketing del dinero y as sucesiva e infinitamente- nos olvidamos de que el lenguaje es ante todo un placer, un placer sagrado; una forma, acaso la ms elevada, de amor y de conocimiento.

Si es verdad que la pulsin de vida, el Eros, es la que vincula al deseo y su objeto, y el placer es la seal certera de su realizacin, el lenguaje es una de las manifestaciones ms evidentes y universales del principio del placer.

En cada comunicacin verbal que se logra se da una relacin misteriosa y fecunda. La libido hace de las palabras su objeto y habitacin: entre la lengua parlante y la oreja escuchante hay una relacin anloga a la que existe entre el falo que en snscrito se llama lingam y la vulva. Como sistema de smbolos -y smbolo es una palabra griega que significa la fusin de dos objetos- el lenguaje pone de manifiesto nuestra capacidad innata de investir la libido en palabras, objetos verbales inagotables y vinculados entre s a travs de la ligazn permanente de la sintaxis y el lxico, que nos relacionan a su vez con los otros y con nosotros mismos.

Las relaciones existentes entre las palabras son a la vez espejo y modelo de nuestras propias relaciones con el universo. Este carcter peculiar del lenguaje es lo que garantiza su poder, un poder que prevalece sobre todas las operaciones intelectuales.

En este sentido, es necesario recordar a Mart: "La lengua no es el caballo del pensamiento, sino su jinete". Es decir, en la lengua hay algo anterior y superior, en cierto modo, al pensamiento mismo1.

Los etimlogos son tambin conscientes de estos despliegues, corroborados en los documentos que establecen los orgenes de una palabra. Si nos enteramos de que pasin y paciencia provienen de la misma raz, por ejemplo, as como amar y amamantar tambin tienen un parentesco comn, algo en nosotros descubre esa fuente que es la sabidura inmanente del lenguaje y se inclina a escucharla. Y si pensamos en el lenguaje como un rgano de conocimiento anterior al pensamiento, la pregunta normal ya no es: Cuntas lenguas habla Ud.?

Hablamos aqu de un don ms ntimo, tan desconocido como necesario en nuestros das: el don de escuchar lenguas, y en particular, el don de dar crear tanto el yo como la realidad. Menos radicalmente, preferiramos apelar a la nocin de campo, que aparece simultneamente entre dos instancias el yo y su interlocutor, el yo y la "realidad" como correlato necesario de ese encuentro, determinando y siendo determinada a su vez por estas presencias.

Recordemos que en el Gnesis las palabras anteceden a las cosas, no las reflejan. Dios nombra primero a la luz para que la luz exista, y es la palabra lo que termina con el caos.

En el caso de Adn, los animales preceden a sus nombres, que son los que Adn les da y los que les "corresponden". Sera interesante explorar el paralelismo de la tradicin hebrea con el pensamiento platnico e idealista, en el cual las ideas preceden a las cosas.

Lo comn de ambas tradiciones es que la realidad no existe si no hay algo que la promueva y condicione a la existencia: en el pensamiento hebreo este algo es la palabra, en el platnico la idea. Es decir, en el pensamiento platnico el hombre se asemeja ms a Dios que a Adn. Entre el uso de la palabra y la escucha de la palabra media una distancia semejante a la que separa al amor de la prostitucin.

Pinsese en la ridicula paradoja que encierra la comn expresin "dominar una lengua". Las lenguas son ellas mismas dominios inmensos de tradiciones, vastos lxicos que se nos escapan, reglas gramaticales subterrneas de las que apenas alcanzamos a atisbar los mecanismos, mtricas tan espontneas como misteriosas, poticas realizadas y otras maravillosas por cumplirse.

De nada de todo esto corresponde ni es posible apropiarse: slo cabe aqu una contemplacin admirada, un humilde y tenaz estudio que arranque de la certeza de la inaccesibilidad total de su objeto ltimo. Hay culturas que son generosas y atentas a su propio lenguaje, como la de Espaa del Siglo de Oro o la Inglaterra de Shakespeare, y lo transmiten y lo llevan a un fulgor extraordinario. Dice Steiner que en el ingls de ciertos perodos hay un sentimiento de descubrimiento, de adquisicin exuberante que nunca se ha vuelto a reconquistar ntegramente.

Tenan ante s al gran tesoro cuyas puertas se haban abierto de improviso y las saqueaban con la sensacin de que era infinito". Shakespeare no saqueaba la lengua: la escuchaba en su mbito ms profundo; por eso es Shakespeare.

Y el ingls, como toda lengua natural, aun la ms pobre lexicalmente, sigue siendo infinito en sus posibilidades, pese a las desvirtuaciones que puede sufrir en nuestros tiempos. Hablamos de pocas excepcionales, en las que el lenguaje es sentido no exclusivamente como un medio de comunicacin, una moneda de intercambio circulante y corriente, sino como un camino de conocimiento y de celebracin.

En esas pocas afortunadas, el lenguaje no es slo usado, sino que es escuchado por los grandes poetas, y de esta escucha y de esta reinterpretacin surgen los poemas ms memorables de nuestra historia, no digo ya de la historia de las literaturas particulares, sino de la historia de la especie. Es la variante brasilea del mito, el hermoso Orfeo Negro de Marcel Camus -realizado en los aos cincuenta e inspirado en una obra de teatro de Vinicius de Moraes-, la que revela ms claramente esta interpretacin, que parece estar implcita, sin embargo, en el tejido mismo del relato.

Orfeo desciende a los infiernos a salvar a Eurdice; la condicin de su rescate condicin impuesta, no por azar, por una ley infernal invocada por Pluto establece que hasta la salida del Hades Orfeo, que precede a Eurdice, no dar vuelta la cabeza para mirarla 2.

Pero Orfeo no puede resistir la tentacin y pierde definitivamente a Eurdice. En la versin brasilea, Eurdice dice: "Si pudieras escucharme en vez de verme". El regreso al infierno se cierne como amenaza para la pareja ante la imposibilidad de que el varn escuche a la mujer, que es para l ante 2 La prohibicin acerca del no mirar atrs no es exclusiva del mito de Orfeo: la reencontramos en el Antiguo Testamento, cuando se narra la maldicin de la mujer de Lot, convertida en estatua de sal al mirar hacia Sodoma en llamas; y tambin aparece en el Evangelio: "El que pone su mano en el arado y mira hacia atrs no es digno de M".

Orfeo, mitad dios y mitad hombre, es el creador de la msica, el supremamente escuchable, nunca el escuchante. La condicin impuesta a Orfeo, en realidad, consiste en superar esta situacin de ensordecimiento, y as responder al deseo ms profundo de Eurdice: el ser oda. Una Eurdice invisible, que slo puede ser escuchada, representa para Orfeo el infierno, porque trastorna todos sus poderes. En la versin griega del mito, las Mnades, que representan las furias femeninas, descuartizan a Orfeo, el msico que careca de espacio y tiempo para escuchar a otros, y que por no escuchar tampoco a Eurdice perdi la visin de ella, quedando as parcialmente ciego.

Las Mnades descuartizan a Orfeo y el infierno de Eurdice se sella para siempre. El infierno devora la inaudible msica de Eurdice, es decir, el infierno de Eurdice consiste precisamente en ser sacrificada al imperio exclusivo de la msica rfica, que entraa la imposibilidad de ser escuchada en su propia palabra, en su propia msica3.

Varios detalles confirman lo plausible de esta hiptesis. La voz de Orfeo no slo excluye la de Eurdice a 3 El gesto de Orfeo no es nico: repica ilimitadamente en la tradicin lrica occidental, que expresa que el silencio no slo le es necesario a la mujer sino que constituye uno de sus rasgos erticos definito-rios. Ellas, despechadas, acaban suicidndose: otra instancia fatal de la supresin de la voz de las mujeres.

Orfeo es tambin considerado sacerdote, el primero en haber escrito los dogmas y rituales de una religin hermtica que exclua a las mujeres. Est vinculado asimismo con la sacralizacin de las relaciones homosexuales entre varones y es protegido de Apolo, que ama a mujeres y a varones.

Las Mnades que lo destrozan son oriundas de Ciconia, de donde tambin era Eurdice. Lo que me interesa mostrar aqu es que el lirismo raramente produce la imagen inversa del varn que seduce a partir de su silencio, y no debemos ni podemos engaarnos acerca del significado de esta asimetra.

En su hermosa interpretacin de Los Tres Cofrecillos, Freud muestra ejemplos muy persuasivos de la ecuacin de la mujer con el silencio y del silencio con la muerte. El silencio que se otorga como clave a la supuesta identidad de la mujer acaba por desembocar inevitablemente en el silenciamiento de la mujer en la cultura. Baste considerar, entre nosotros, el tiempo y los esfuerzos que han sido necesarios para restituir a su autntica estatura una voz potica como la de Alfonsina Storni ignorada pblicamente, en su tiempo, por la voz de los Orfeos imperantes: Lugones y Borges.

Explorar estos muy interesantes terrenos nos llevara, con todo, muy lejos de nuestro propsito principal, de modo que dejamos el tema abierto para otra ocasin. Segn Ovidio, las Mnades, para matarlo, utilizan un arado, hecho que acaso represente la venganza matriarcal por el pasaje de la agricultura de la mano de las mujeres a la de los varones.

Curiosamente, mientras el nombre de Orfeo significa "la gran voz", el nombre de Eurdice puede analizarse en griego como eurys, amplio, y dike, la justicia que concierne, particularmente en caso de abuso, a personas implicadas en relaciones ntimas. Podra significar, por lo tanto, una mirada ms amplia -y profunda- en lo que concierne a los vnculos de la pareja.

No se olvide que Eurdice es tambin el nombre de la mujer de Cren, quien se ahorcar cuando ste arrastre al suicidio al hijo de ambos, Hemn, el enamorado de Antgona otro caso de mujer no escuchada.

Parece entonces que el mito encierra una pluralidad de mensajes, uno de los cuales, acaso el ms prominente, es el enfrentamiento de culturas matriarcales y patriarcales. Orfeo es hijo de Calope, una de las Musas -origen de la msicay su apoteosis final se ve refrendada cuando Zeus transporta su lira a la constelacin de su nombre. Parece claro que su figura encarna la rivalidad con la voz femenina, evidenciada ya en el episodio de las Sirenas. Pero lo que nos interesa aqu es que Orfeo -que pas a la posteridad patriarcal como el hroevctima y msico supremo, venerado por poetas y msicos como Rilke y Glck, que se identificaban sin duda con su fascinante voz todopoderosa- es en verdad quien provoca la tragedia.

El mito rfico es entonces tambin la representacin de un monlogo delirante que, pretextando amor, desplaza al interlocutor y lo reduce a la nada de un silencio infernal. A la violencia que representa su negacin de la palabra-msica de Eurdice contesta la violencia vengativa de su descuartizamiento por las Mnades. La clera de las Mnades, inspiradas por Dionisio, el dios rival de Apolo, representa la ira femenina por el rechazo de un espacio de amor y atencin para la voz de la mujer 4.

Ms all de la disputa entre los sexos, sin embargo, lo que parece sugerir el mito, desde el fondo de los tiempos, es la trgica circunstancia que hace que los ms dotados para la msica y la palabra -y los poderes que de estos dones se derivan- sean con frecuencia tambin los menos dotados para la atencin y la escucha.

Una figura posible del mito, aquella que estamos explorando en este texto, representa la incapacidad de los seres humanos de escucharnos unos a otros, as como la contumacia de nuestra inconsciente negativa a escuchar aquello que precisamente nos permite hablarnos: nuestro lenguaje.

As, reducimos a nuestros interlocutores y a nuestro lenguaje a la nada del sinsentido y el olvido. Cuando se habla de competitividad en el mundo contemporneo se piensa en general en la capacidad de imponer masivamente pautas y productos culturales e industriales, as como ideas y formas de poder a lo 4 Como lo sugiere Ludovico Ivanissevich, acaso sea un eco de esa venganza el hecho de que Glck imponga a una intrprete contralto en el papel de Orfeo.

Pero lo que subyace a este alud de imposiciones y hace posible su efectividad es un lenguaje monotemtico que busca slo afirmarse y escucharse a s mismo y desatiende implacablemente la escucha y la necesidad del otro. La palabra fetiche de la propaganda comercial y poltica desaloja as fieramente a la palabra profunda de la tradicin y al lxico del nuevo conocimiento; el jingle reemplaza a la cancin de cuna, el clich poltico a la reflexin original, el autismo meditico a las humildes e inspiradas formas de la esttica popular o de las voces marginales.

Con razn dice Margaret Fuller que la literatura -y lo mismo vale para la cultura- no consiste en una coleccin de libros magnficos, sino en un ensayo de interpretacin mutua. La cultura global es en gran medida un remedo de dilogo en el que poderosos Orfeos, embebidos narcissticamente en su propia msica, sumergen en el silenciamiento total a los que se supone deben ser rescatados.

El cine contemporneo, con sus megaproducciones, hazaas virtuales y falsos estrllatos, la industria musical de nuestros das, campo de batalla de los intereses del rock, llevan las seales claras -o ms bien, exhiben las garrasde una empresa que aspira a imponer pautas de dominio unilateral y conducirnos al infierno del sinsentido -o al nirvana de los zombies- antes que proponer un dilogo abierto en el que despunte lo verdaderamente nuevo, lo no dicho, aquello que necesariamente conforma el porvenir.

Y as se prolonga y consolida el infierno de Eurdice. La expresin "usar la lengua" reduce la lengua a un instrumento, cuando en realidad la lengua es un proceso que vastamente nos trasciende.

Como dice Guillermo Boido: "La poesa es el intento de preguntarle a las palabras qu somos. Como los sueos, ellas saben mucho de nosotros, quiz ms que nosotros". Si la palabra sabe ms de nosotros que nosotros mismos es porque viene de una tradicin de experiencia humana que nos supera en el tiempo y en el espacio.

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