EL SOBERBIO ORINOCO JULIO VERNE PDF

The series is impressive, and this edition is no exception. As with all the Voyages Extraordinaires, Verne builds an adventure story off of a solid scientific base. It is easy for us today to not think of this novel as science fiction or scientific fiction as Verne called it ; however, in the days before satellites and space ships taking pictures of the Earth, matters of geography were definitely of scientific interest. While Verne endeavored to create a solid scientific basis for this story, there is much more to it then simply the search for the origin of the river.

Author:Mautaur Malmaran
Country:Dominican Republic
Language:English (Spanish)
Genre:Career
Published (Last):8 October 2005
Pages:69
PDF File Size:4.27 Mb
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ISBN:664-9-81209-231-2
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Justamente en Las Bonitas, tena su residencia el gobernador del territorio del Caura, zona regada por este importante tributario del Orinoco. El pueblo ocupa, en la orilla derecha del ro, el sitio en el que en otra poca se asentaba la misin espaola de Altagracia.

Poda decirse que los misioneros haban sido los verdaderos conquistadores de aquellos pueblos americanos que el correr del tiempo y la historia convertira en hispanoamericanos. Esto es: en venezolanos, en aquel caso. En ese apartado rincn venezolano las novedades diarias no eran muchas, por lo que s constitua una de ellas, y de las ms entretenidas y apreciadas!

Debido a esto no resultaba extrao que el mismo gobernador en persona acudiese a los muelles, sobre todo conocedor de que tres famosos gegrafos remontaban el ro al objeto de sus estudios hidrogrficos. Nada ms descender del barco Marcial y Juan vieron al grueso y orondo gobernador de Las Bonitas recibir y dialogar animadamente con los tres gegrafos, aunque mirando de vez en cuando a los dos franceses como con la intencin de acercarse a ellos, para tambin saludarles.

El vivaz ex sargento comprendi la maniobra y quedamente avis a su joven acompaante: Atencin! Ese gordinfln trata de acercarse a nosotros y seguramente nos coser a preguntas. No sera correcto rehurse, Marcial.

Pero mejor sera que se ocupase de sus cosas. Si el gobernador nos interroga, est en su derecho. Por otra parte, no me negar a contestar. Hasta es posible que obtengamos de l algunos informes! Gru sordamente el ex sargento, se acerc ms al joven con aire protector al ver que decididamente el hombre grueso caminaba hacia ellos, para indagar con amable y obsequiosa sonrisa muy venezolana: Ustedes son franceses, verdad?

S, seor gobernador! Y su compaero, joven? Mi to tambin es francs, seor. Un antiguo sargento retirado. Digitalizado por kamparina e hyspastes. As que enderez el corpachn, convencido de que un sargento del 72 de Lnea vala tanto como un general o un gobernador venezolano. Ante su taconazo sigui escuchando que aquel hombre deca: No creo ser indiscreto al preguntarles si piensan seguir su viaje ro arriba.

Por supuesto, seor; no lo es. Por el Orinoco o por el Apura? Por el Orinoco. Quiz hasta San Fernando de Atabapo? Hasta ese pueblo, seor gobernador sigui contestando el joven. Y tal vez ms lejos, si los informes que esperamos recoger all lo exigen. Los tres gegrafos tambin se haban acercado, y al gobernador, lo mismo que a don Felipe, no poda menos que impresionarles vivamente el tono resuelto de aquel joven y la sencillez de sus respuestas, porque realmente toda su actitud inspiraba simpata.

Pero precisamente contra esas visibles simpatas trataba Marcial de defender a su sobrino. Pareca que no quera que se le mirase tan de cerca, ni que otros extranjeros, gobernadores o no, demostraran el buen efecto que les causaba su gracia natural y personal encanto. Y lo que ms irritaba al ex militar era que don Felipe no ocultaba los sentimientos que le inspiraba el joven.

Para l, el gobernador de Las Bonitas poco importaba, porque se quedara all, en aquel poblado cumpliendo sus misiones; pero aquel don Felipe era algo ms que un simple pasajero del Simn Bolvar, puesto que con los otros dos gegrafos deba remontar el ro hasta San Fernando y eso implicaba que las preguntas podan seguir. Por lo dems, como en aquellos instantes no poda enviar a su Excelencia a paseo, tuvo que dejar que el joven tomase parte en aquella conversacin que visiblemente le irritaba.

Y ms cuando el gobernador pregunt directamente: Van ustedes a San Fernando? S, seor gobernador. Bien, pues Debido a mi autoridad, me permito preguntarles, con qu objeto? El joven no se inmut al apuntar: Con el objeto de obtener algunos datos, seor. Sobre qu, joven? Sobre el comandante Kermor, seor.

Qued algo pensativo el grueso personaje, se pellizc el labio Digitalizado por kamparina e hyspastes. Es la primera vez que oigo pronunciar ese nombre. Y la verdad, no tengo noticia de que, desde Chaffanjn, ningn francs haya sido visto por all. Pues el comandante Kermor, sin ninguna duda, estuvo en San Fernando, incluso algunos aos antes.

Vaya, vaya, joven! Y en qu funda usted su afirmacin? En la ltima carta del comandante Kermor que se ha recibido en Francia. Carta dirigida a uno de sus amigos en Nantes y firmada por l. Todo esto es muy interesante! El personaje se dio cuenta del vivo inters que tambin ponan en la charla los tres gegrafos, por lo que inesperadamente invit: Pero qu hacemos hablando aqu? Me hacen el honor de ser mis invitados?

Nuevo movimiento de recelo por parte del inquieto Marcial, que el joven ataj al aceptar: El honor ser para nosotros, seor gobernador. Le agradezco que acepten, joven. Son tan pocos los extranjeros que nos visitan, que les recibo con los brazos abiertos, cranme. No queremos causarles molestias. Nosotros Seor le ataj el grueso personaje. Su rigidez militar me asombra. Bien est para un viejo soldado como usted seguir en el barco, mientras no prosigue el viaje. Pero qu me dice de este jovencito, que podr asearse, baarse, cambiarse y descansar mucho mejor en mi residencia?

No se hable ms! No es que disponga de un palacio, pero s de una buena casa, donde todos ustedes sern bien recibidos.

Al or aquello, con ms alarma en los ojos, el recio Marcial indag, al sealar a los tres gegrafos: Y ellos, ellos tambin seor? Por qu no? Son famosos cientficos los tres!

Tanto don Felipe como don Miguel, y no digamos don Varinas! Encantados, Excelencia casi dijeron a la vez los tres. Pues no se hable ms: en mi casa y ante una buena mesa, continuaremos nuestra agradable charla. Les parece? Marcial fue a objetar an algo, pero un discreto pisotn del joven le Digitalizado por kamparina e hyspastes. Y usted parece un excelente muchacho. Para sus pocos aos, demuestra una educacin y una madurez dignas de elogio, jovencito.

La mirada que de soslayo le lanz el gobernador al serio Marcial, fue todo un poema. Era como si con los ojos mudamente le estuviera reprochando: Pero usted no, amigo. Usted es rudo y hasta grosero! De no ser por su joven amigo No le invitara a mi mesa! El almuerzo fue sencillo, pues no se puede esperar de un gobernador de provincia tan remota como aqulla, lo que del presidente de la Repblica de Venezuela; pero los invitados fueron objeto de una cordialsima acogida e incluso los criados de la casa se mostraron en todo momento atentos a servir los deseos de los invitados, quienes, efectivamente, con mayores comodidades que en el barco, pudieron asearse, cambiar de ropa y presentarse a la mesa frescos como rosas.

Claro est que, inicialmente, primero se habl de la misin de los tres gegrafos. Pero el gobernador, como hombre listo, se guard muy bien de tomar la defensa del Orinoco, del Guaviare o del Atabapo, para que la discusin entre los tres cientficos no prosperase.

Lo esencial era que aquella charla no terminase en disputa y, quiz por eso, deseando cambiar el curso de la charla, el dueo de la casa volvi a apuntar, mirando alternativamente a Marcial y a su joven acompaante: De manera que ustedes dos tambin seguirn ro arriba, hasta San Fernando, verdad?

As es, seor afirm el joven. Y creo recordar que me dijo que era para buscar datos sobre, sobre Sobre el comandante Kermor, seor.

Ah, s! Kermor Kermor. Un francs quien, por lo visto, escribi una carta a un amigo en Francia, no es as? S, seor. Deduzco de ello que ese comandante Kermor permaneci algunos aos en San Fernando? Debi ser as, puesto que esa carta aparece fechada en el da 12 de abril de Al or aquello, el dueo de la casa exclam: Eso me asombra, amigos mos! Por qu, seor? Mi querido muchacho, porque en esa fecha yo me encontraba, precisamente, en San Fernando.

S; tena el puesto de gobernador de Atabapo entonces. Y les digo que si un francs, tal como ese comandante Digitalizado por kamparina e hyspastes. Y les doy mi palabra que mi memoria no recuerda nada de eso! La precisa informacin del gobernador pareci causar una profunda impresin al joven.

Su rostro delicado, animado durante la conversacin, pareci perder el color. Sus ojos se humedecieron y se le vio hacer un gran esfuerzo para poder decir: Mi to y yo agradecemos mucho el inters que se toma por esto, seor.

Pero aunque usted no haya odo hablar nunca del comandante Kermor, estoy seguro de que l se encontraba en San Fernando el da 12 de abril del ao Seguro, joven? El muchacho extrajo un sobre de uno de sus bolsillos al afirmar: Seguro, seor!

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